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Pieles y manzanas - María de la Luz
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Pieles y manzanas

Llego a casa, el corazón late deprisa, la respiración entrecortada, me falta el aire. Dos horas en el salón de belleza, manicura, ondas al agua y maquillaje suave. El pequeño demonio lleva despierto desde temprano, no me deja. Hoy es un día especial. El gran estreno de Blanca. Yo, su gran apoyo, planeo pasar por su camerino antes de la función. He encargado una cesta de preciosas y relucientes manzanas ecológicas. Mucho mejor que flores, las flores están sobrevaloradas. Subo las escaleras y entro en mi cuarto, me tumbo en la cama. Cierro los ojos y respiro como me enseñó aquel psiquiatra años atrás. Las manos sobre mi vientre, inspiro, hincho el abdomen, expiro y lo deshincho… Inspirooo, expirooo; No debía haber matado a aquel doctor, a veces sus herramientas todavía funcionan para mitigar al pequeño demonio, pero… ¡se lo merecía!, por hurgar en mis sombras. ¡Un palpito!, ¡taquicardia! – ¡mátala, mátala! –  Me siento en la cama y abro los ojos. La pared de espejo biselado dividido en cuadrados y con un fino marco dorado frente a mi lecho, me devuelve la imagen de la estancia. La habitación entelada en blanco y negro con greca art decó, El suelo en damero también bicolor, la cama en piel negra con cabecero capitoné, la colcha blanca plagada de almohadas y las últimas revistas de moda y sociedad extendidas sobre ella ordenadas enfermizamente por fecha de publicación. Y en el centro yo. Soy guapa, ¿no?, muy atractiva, El pelo rubio ceniza con sutiles mechas pelirrojas que camuflan las primeras canas entre las suaves ondas que me caen por los hombros. Los ojos color miel, el pequeño demonio está dentro de ellos. Los pómulos marcados y la piel tan etérea, elegante, con finas pecas salpicándome todo el rostro y el pecho enmarcado por una prominente clavícula que siempre ha vuelto locos a los hombres y a “él”. Muere por mi clavícula y por la hendidura entre la nariz y mi labio superior. No olvidemos el hoyito del mentón. Ese también le vuelve loco. Sonrío, soy sexy, pero no hay nada más sexy que mi inteligencia y mi vasta cultura, mi inmensa capacidad para empatizar y leer emociones, incluso ella me adora, soy como la madre que nunca tuvo, la que la escucha y aconseja, el hombro donde llora. Soy sexy por mi inmenso éxito en los negocios, el esfuerzo también es terriblemente sexy. – mátala, mátala, mátala- el pequeño demonio despierta cuando me miro al espejo. – ¡mátala!, esa niñata se está llevando la atención de su padre, van a volver a rechazarte, como en el colegio esas desgraciadas: “Grimelda la pringada, Grimelda la pecosa, la cara manchada”. ¡malditas sean! el olor a humedad, moho y miedo, el nudo que ahoga la boca del estómago, el sabor salado de las lágrimas. La oscuridad en el encierro. Como pudieron… ¡mátala!, ¡es más guapa que tú!, te van a volver a humillar, Ella es su hija, siempre la va a querer más que a una segunda mujer, una madrastra, eso es lo que eres, una bruja mala-  Ojeo las revistas para callar al pequeño demonio. Ahí está “Vanity Fair” con Blanca en la portada. “La Blancanieves del S.XXI” titulan. Siento fuego en la garganta y leo: “la reconocida actriz Blanca Miraflores ha sido elegida embajadora de Lancome, La fina y blanca piel de la joven y talentosa intérprete, junto con su ardua labor filantrópica hacia los más desfavorecidos, Hacen de ella la mejor representante e imagen para cualquier firma del País. La Bellísima artista de piel nívea inicia nueva campaña para construir cabañas en la naturaleza que acojan a niños con acondroplasia* mientras promociona los nuevos cosméticos de Lancome y estrena Obra de Teatro el próximo jueves con todas las miradas de la sociedad puestas en ella. Pronosticamos un éxito fulgurante a esta blancanieves del S.XXI”. – ¡mátala, mátala! – inspiroo, expirooo – No puedo, yo solo soy una niña asustada, que necesita que la quieran-, – ¡mátala!, humillación, rechazo, ¡SOLEDAD! – De lo más profundo de mis entrañas emana el grito desgarrador, el volcán en erupción escupe una lava de carcajadas guturales que se mezclan con el llanto desconsolado. Me levanto, me enfundo deprisa el vestido, la seda resbala por mi piel pecosa y resalta mis curvas cinceladas a golpe de gimnasio. Retoco el rímel corrido. ¿visito el camerino antes o después de la función? Sonrío, mi sonrisa derrite glaciares. Antes de salir cojo la delicada cesta de frutas, preciosas manzanas brillantes, quizás por el minucioso pulido del frutero, quizás por el baño de veneno letal que no deja rastro en ninguna analítica y que tan fácil he conseguido en la “Deep web”. Me sobrecoge mi risa Histriónica – ¡Soy sexy, soy sexy, mátala, mátala! –

 


*Acondroplasia: trastorno que produce estatura desproporcionadamente baja